Una gatita quedó tan destrozada por la muerte de su dueña, que ha pasado el último año acostada en su tumba. La gente que acudía al Cementerio Central de Java, Indonesia, la escuchaba sollozar acostada en la tierra e intentaban hacer que abandonar el lugar. Pero a pesar de que le ofrecían comida y agua, ella se negaba a irse.
Keli Keningau trató de adoptarla y se la llevó con él, pero ella volvió al cementerio a recostarse sobre la lápida.
Desde que la dueña de la gata murió, ha permanecido en la tumba y no quiere irse a casa. Ha estado aquí por un año. Pensé que estaba sin hogar y traté de ayudarla, pero ella siempre regresaba al mismo lugar. La vi todos los días y noté que siempre estaba ahí, aunque a veces se iba por un par de horas y luego volvía. Es muy triste verla. Muestra lo cerca que están los animales de sus dueños”.
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