Una gatita quedó tan destrozada por la muerte de su dueña, que ha pasado el último año acostada en su tumba. La gente que acudía al Cementerio Central de Java, Indonesia, la escuchaba sollozar acostada en la tierra e intentaban hacer que abandonar el lugar. Pero a pesar de que le ofrecían comida y agua, ella se negaba a irse.
Keli Keningau trató de adoptarla y se la llevó con él, pero ella volvió al cementerio a recostarse sobre la lápida.
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